Gancho de Izquierda | Venezuela fue una fiesta

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La presente nota, con igual título, se publicó hace algunos años. Se reproduce con supresión de largos párrafos y enmiendas. La reproducción se justifica por el hecho de cumplirse ayer, 2 de septiembre, los 49 años de una de las más celebradas victorias de un boxeador nativo, la del cumanés Antonio Gómez en su pelea por la faja mundial pluma AMB ante el nipón Shozo Saijo en Tokio:
Cierro los ojos y me transporto al Gimnasio Korakuen, templo boxístico del Tokio de los 70, repleto de espectadores, un grupito de no más de 12-15 venezolanos entre ellos.

Veo a Antonio Gómez cuando, en el primero, lanza un jab que impacta en la barbilla del rey mundial de los plumas AMB, Shozo Saijo (o Saijyo), cuya cabeza se bambolea como la de un títere…un nuevo ataque del retador derribó al monarca segundos después de ese episodio, una caída dudosamente apreciada como resbalón por el árbitro Alfredo Garzo, nacionalizado japonés. La campana sonó para el fin del asalto, ya con Gómez como lo más parecido a un vencedor.

Para el resto del cuento acudo a un viejo diario y a una reseña de la agencia AFP. Leo: ´La poderosa derecha de Antonio Gómez proporcionó hoy a Venezuela un nuevo título mundial, el de los plumas, versión WBA en una de las peleas más emocionantes jamás vista en Tokio. El golpe decisivo (…) vino en el 5° cuando el campeón era implacablemente castigado por la derecha del venezolano. La primera caída del japonés se produjo 30 segundos después del comienzo del quinto y último round, mediante un durísimo golpe de Gómez. El japonés se levantó pero el árbitro desgranó la cuenta reglamentaria de ocho segundos. Gómez se lanzó entonces al ataque, persiguiendo a su rival por todos los rincones del tinglado hasta acabarlo con tres derechazos más´. Fin.

Recuerdo que antes de que el referí se interpusiera, desde su esquina el hermano del ya excampeón tiró una blanca toalla en señal de rendición, Y nosotros allá, media hora después, en un hotel de Tokio, supimos con certeza, tal suponíamos que, como en el París de Ernest Hemingway, Venezuela era una fiesta. Efímera alegría, por desdicha, 11 meses y pocos días después la corona pasó a las manos del panameño Ernesto “Ñato” Marcel, quien batió abrumadoramente a un Gómez descolorido y desconocido en la plaza de toros La Maestranza de Maracay, el 19/8/72.

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