Gancho de izquierda | Marcel dejó una huella en el boxeo criollo (II)

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Al terminar de escribir la columna de la semana pasada pensamos en explayarnos en otros varios pormenores relacionados con la pelea del 19 de agosto de 1972 en La Maestranza de Maracay en la  cual Antonio Gómez, apodado el “Tanque” y el “León de Cumaná”, declinó la corona pluma de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), apabullado por decisión mayoritaria e indiscutible – un juez y el  árbitro en favor del retador, con abucheado empate de un segundo juez-en 15 dramáticos asaltos en favor del panameño  Ernesto “Ñato” Marcel, cuya muerte el pasado lunes en Ciudad de Panamá sirvió de soporte para la columna pasada y de la que ahora leen.

Aquella idea original la desechamos por un solo y ´único motivo: si supone es Marcel el personaje central de esta historia entonces ocupemos la parte sustancial del espacio para él, pues de otro modo terminaremos por transferir el protagonismo al peleador derrotado de aquella gris noche en la capital de Aragua. Lo que no debe ser.

En consecuencia, de ese desafortunado suceso (desafortunado para la afición boxística local, de obvio júbilo para los canaleños) ahondaremos solo en un par de detalles.

El primero para decir que Marcel tuvo a su favor el haber enfrentado a un Gómez físicamente lejano del espectacular y soberbio peleador que había aplastado en casa a Shozo Saijyo el 2 de septiembre del ´71 en el gimnasio Korakuen de Japón en cinco rounds, y del Gómez que destruyó a todos los que enfrentó antes de ir por el cetro ante el nipón, como por caso los mexicanos “Centavito” Hernández y Fernando Sotelo y el estadounidense Dwight Hawkins, entre otros.

A este tenor vale recordar lo expresado en su momento por Carlitos González, el recordado mejor comentarista que ha tenido el deporte nacional, quien enfatizó que el oriental fue derrotado por el exceso de confianza, no por Marcel. “Antonio pagó el abuso físico-dijo-.No lo  venció El Ñato.

Simplemente no se puede usar el cuerpo como un acordeón, llevarlo de 140-150 libras a 123 sin pagar por ello, en un lapso de mes y medio”.

Al día siguiente del combate, en su habitación del hotel Maracay, un Gómez con el rostro amoratado, con el pómulo izquierdo hinchado, el labio superior partido y un hematoma que tapaba por completo su ojo derecho, se quejaba de que su mano derecha se le había lastimado en el segundo round y eso lo afectó de manera decisiva.

“Hice demasiado. Casi no podía aguantar el dolor”, nos dijo mientras mostraba su puño, en verdad inflamado. Por su lado,  el  entrenador y su forjador, el maestro Hely Montes, ya fallecido, nos contó que “él estuvo. toda la noche antes de la cama al baño y al revés, para orinar y orinar y eso es fatal apenas a unas horas  de una pelea”.

Explicó además que el púgil tomó lássix, un poderoso diurético, por lo menos desde un par de meses atrás para dar las 126 libras. “Y subió en 123”, dijo Montes. Le preguntamos si de eso estaba enterado el entrenador principal Eddie Futch. No hubo respuesta.Y Nunca se supo. Lo relatado afloró de los recuerdos y de la relectura de recortes que guardamos de una revista, Cancha, de la que hablaremos a continuación.

El otro detalle a que aludimos arriba nada tuvo que ver con el deporte. Entre el colega y amigo Carlos Ortega (q.e.p.d.) y el columnista redactamos a cuatro manos una crónica-reseña del pleito para una revista, Cancha, que en sus páginas centrales desplegó un título cuya autoría nos pertenece, aceptado sin mucho entusiasmo tanto por CO como por el propietario de la revista, José Materán Tulene. Decidido luego de debatirlo colocamos un antetítulo:

EL TÍTULO, EL ORGULLO, LOS REALES… (los paisanos de Marcel, decenas de militares entre estos, ganaron un dineral en las apuestas, con logros a favor de AG), seguido de un título a dos páginas, a todo trapo: ¡TODO SE FUE AL CARAJO! La última palabra presumiblemente lastimó la sensibilidad gubernamental.

El doctor- Rafael Caldera estaba en su primer mandato como presidente. No supimos jamás si fue el, quien ordenó la medida, o el gobernador de Caracas, a la sazón el periodista Guillermo Álvarez Bajares, o los dos o acaso algún otro funcionario “pesado”. Lo concreto es que la revista fue recogida en todos los quioscos y revistas de Caracas y su Zona Metropolitana, que expusieron a los clientes posibles las 2 centrales unidas.

Tal decomiso, salvo error u omisión de parte nuestra, marcó un hecho inédito para el periodismo nacional pues fue aquella la primera y hasta ahora única vez en la historia que una revista deportiva es decomisada. Y por una razón baladí.

Al año siguiente el veto oficial recayó y afectó al film El Último Tango en París, con Marlon Brando y María Schneider, por la famosa erótica escena de la mantequilla.

Cerramos la rueda la semana entrante.

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