70 años del Maracanazo, el partido que tituló a Uruguay y llenó de lágrimas a Brasil

Schiaffino marca el primer tanto uruguayo. Foto: AFP
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Un 16 de julio de 1950, el mundo futbolístico se estremeció con la victoria de Uruguay 2-1 sobre Brasil, en el evento conocido como “El Maracanazo”, durante la final del Mundial de Fútbol hecho por los amazónicos, con el objetivo de celebrar en casa.

Cuando se llegó a esa instancia, Brasil salió al primer minuto como gran favorito. Pero lo que se conoce como “la garra charrúa” se hizo popular con los años gracias a este partido, cuya sede era para entonces el estadio más grande del mundo, que albergaba a unos doscientos mil espectadores. Años después, el Maracaná fue remodelado para tener menos público, pero con mayores comodidades.

Todavía los mundiales de fútbol no tenían la difusión planetaria de entonces. No había televisión satelital, internet o redes sociales. Eso llegó después de 1970. Además, era el primer evento de este nivel que se hacía desde 1938. Para recordar, Uruguay ganó el primero en 1930 mientras que Italia ganó en 1934 y 1938. La II Guerra Mundial interrumpió los siguientes y fue Brasil el anfitrión para retomar la competencia, que no ha sufrido más interrupciones.

Foto: revenge-historyfandom.com

Las condiciones económicas de muchos países eran precarias por el conflicto bélico que duró desde 1939 hasta 1945, así que 13 países de los 16 que tenían el cupo fueron los aspirantes para alzar el trofeo del cuatro mundial, en manos de Jules Rimet, el presidente de la Fifa y cuyas gestiones universalizaron el deporte.

Balón oficial del campeonato. Foto: Wikipedia

Para el 16 de julio, y por el formato del torneo, a Brasil le bastaba un empate para titularse. Hasta tomó ventaja comenzando el segundo tiempo por un gol de  Friaça. Los fanáticos locales, animados por la prensa brasileña, que tituló antes del partido sobre el primer campeonato para su país sin antes ganarlo en el campo, ya estaban festejando.

Pero no contaron con que al minuto 66 Juan Alberto Schiaffino marcó el empate, y en el 79 Alcides Ghiggia puso la ventaja para Uruguay. Los siguientes diez minutos se hicieron eternos para Brasil hasta que el árbitro George Reader sentenció el final del juego. Nació la leyenda.

Ante el silencio del gran público, Jules Rimet entregó la copa a unos alborozados uruguayos, que mantenían hasta entonces su condición de potencia mundial del deporte. Dejaron de serlo, ciertamente y todavía viven en su palmarés de esos lejanos triunfos.

En Brasil corrieron ríos de lágrimas. La decepción fue total y hasta el pobre portero Barbosa fue responsabilizado por la derrota durante muchos años. Pero algo bueno salió de esto para ese país.

Ese día, un niño llamado Edson Arantes Do Nascimento vio llorar a su padre al terminar ese partido. Y él prometió algo así como “cuando yo sea grande ya verán”. El resto es más conocido, Brasil con Pelé lideró una camada de grandes estrellas que dio tres títulos a su país, y hasta el presente acumulan cinco, para liderar al planeta. Alemania e Italia le siguen con cuatro.

“Maracanazo” fue el término que sirvió después para definir sorpresa mayúscula, o una versión moderna del David exitoso ante Goliat. Lo cierto es que el 16 de julio de 1950 el fútbol tuvo un gran estremecimiento.

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