Jesús Aguilar: Mucho más que suerte

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En el 2018 Jesús Aguilar se robó el show en MLB y ganó elogios de todas las tribunas. Se convirtió rápidamente en una gran sensación y se metió entre el selecto grupo de jugadores a los que no hay que quitarles la vista de encima.

Él fue el caballo de las mil batallas para Milwaukee, peleó por la oportunidad de ser titular y cuando ganó ese chance le sacó el máximo provecho. Despachó 35 jonrones y 25 dobles, impulsó 108 carreras y terminó con un average de .274. Ganó el Premio Luis Aparicio en un empate histórico con Ronald Acuña Jr. y se hizo idolo en un abrir y cerrar de ojos.

Al año siguiente la historia fue muy distinta. Tuvo un lento comienzo y ni Milwaukee ni sus fanáticos le tuvieron la paciencia que merecía. Luego de la primera mitad decidieron enviarlo a  los Rays, cambiando drásticamente la rutina que había adoptado desde 2017 cuando llegó a los lupulosos proveniente de los Indios. Sin chistar se replanteó un nuevo objetivo y fue a Tampa a dar lo mejor de sí, ansioso por reencontrarse con su swing.

Si estaba decepcionado o cabizbajo nadie lo notó.

Terminó el año en los Rays con una mejoría considerable, pero sus números globales quedaron muy por debajo de lo que se esperaba. Ligó para .236 con 12 jonrones y 50 remolques en un total de 131 juegos. Él sabía que había quedado en deuda y dejó escrita la promesa de que el 2020 sería mejor.

Pero por supuesto hubo quienes dudaron y dieron por sentado que el Jesús que brilló en 2018 fue solo un espejismo, cuestión de suerte y ya.  Su traspaso a Miami produjo entonces la conclusión más obvia: un bate inconsistente, para un equipo inconsistente. Y resulta que el hombre sorprendió una vez más.

Aguilar ha sido indispensable en la toletería de unos Marlins que han sacudido al Big Show y ahora mismo tienen un pase asegurado a los playoffs pues son segundos de su división -la división de los actuales campeones- con un sólido récord de 24-21.

Ha jugado hasta ahora 37 compromisos, la misma cantidad que disputó con Tampa el año pasado, pero en esta oportunidad suma 41 inatrapables, seis bambinazos y 29 remolques. En retrospectiva son casi el doble de hits, un par de jonrones y por lo menos una docena de empujadas más de lo que consiguió con los Rays.

Es el mismo pelotero de 2018, no es un espejismo, es talento y una respuesta contundente a la confianza que le han brindado los Marlins, donde solo él, Brian Anderson y Corey Dickerson han conseguido más 130 turnos al bate.

En el 2018, en medio de su inesperado éxito, confesó que lo que más disfrutó fue demostrar que quienes no creían en él, simplemente estaban equivocados.

Al parecer ese es un placer que aún hoy sigue disfrutando.  

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