Héroes de carne y hueso

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La pandemia del coronavirus ha puesto en su lugar a los semidioses del deporte. Inmerecidamente le otorgábamos el título de héroes, cuando en realidad no son más que figuras de carne y hueso. Seres tan frágiles como cualquier otro ciudadano de a pie, que a la primera señal de emergencia, tiene que quedarse en su casa, aguardando que la peste pase de largo sin enarbolar sus crespones.

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Por años, hemos concedido a los prodigios del deporte una veneración excesiva. Hoy nos damos cuenta de que el ingenio de Lionel Messi de nada sirve para driblar al COVID-19. Tampoco los batazos de largometraje de Miguel Cabrera pueden ahuyentar al enemigo invisible.

En Argentina, existe hasta una Iglesia Maradoniana, que rinde culto al “Pelusa” de Villa Fiorito y santifica su prodigiosa zurda en cada ceremonia. Pero está visto que los héroes deportivos son inútiles en tiempos de verdadera urgencia, como la que vivimos en el planeta.

Los millonarios sueldos que reciben por anotar goles imposibles, sacarla de jonrón con las bases llenas en el último inning o anotar la cesta decisiva en el segundo final, como acostumbraba Michael Jordan, están sobrevalorados. Porque estos semidioses producidos por la maquinaria insaciable del entretenimiento deportivo son solo un divertimento, como algunas famosas composiciones de Mozart. Pueden alegrarnos el alma, salvarnos del aburrimiento de los días, cuando en un instante luminoso producen una jugada para el recuerdo. Pero su heroicidad era un costoso mito.

Muy tarde el mundo del deporte ha caído en cuenta que resulta escandaloso pagar 150 millones de euros por la contratación de Cristiano Ronaldo para la Juventus de Turin, cuando en Italia el sistema de salud pública carece de recursos para evitar que miles mueran por la incontrolable pandemia.

En España, se congratulaban por tener la Liga más seguida del planeta, cuyo clásico entre Barcelona y Real Madrid obligaba adaptar los horarios de transmisión para saciar a millones de televidentes. Pero ahora los poderosos clubes están clamando a los jugadores que acepten reducir sus salarios.

La burbuja de sus florecientes economías está a punto de estallar, mientras en derredor se vive otra pesadilla. Hospitales que rebozan de contagiados en Madrid y miles de fallecidos, porque el sistema sanitario público se volvió privado con la complicidad de gobiernos y ciudadanos, que preferían mirar al fútbol y glorificar a sus héroes, desdeñando sus verdaderos dilemas existenciales.

En estos días, el mundo entero ha descubierto que sus verdaderos héroes son gente como uno. La vecina que cobra un sueldo de hambre, pero se viste de enfermera cada día para ofrecer salud a un completo desconocido. O el médico de barrio que toca la puerta para hacer un diagnóstico solidario.

De ahora en adelante, dejemos el Olimpo y las heroicidades para quienes realmente se lo ganan ofreciendo su vida sin pedir nada a cambio.

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