Gancho de izquierda | El “Ñato” dejó huella en el boxeo criollo (I)

Las sedes y rivales de Venezuela fueron comunes para Marcel Foto:@duroalhueso
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El nombre del panameño y excampeón mundial pluma  Ernesto “Ñato” Marcel, quien murió el lunes pasado en la capital istmeña a los 72 años por diversas complicaciones, está fijado indeleblemente a la historia  del boxeo profesional venezolano, pero como un baldón por razones que explicaremos a continuación, previa semblanza del recién fallecido púgil.

El “Ñato” formó parte de una pléyade de grandes peleadores del país del canal que saltó a la notoriedad en los años finales del ´60 y que dominó la escena hasta fines del ´70 en el ámbito latinoamericano, con  Roberto “Mano E’ Piedra” Durán, el mejor boxeador de todos los tiempos en la región, a la cabeza de aquel grupo entre los que se contaron también los gallos Enrique “Maravilla” Pinder y Jorge Luján , los minimoscas Jaime “Cieguito Maravilloso” Ríos e Hilario Zapata, el mosca Alfonso López, el superligero Alfonso “Peppermint” Frasier, el pluma Eusebio Pedroza, entre otros, todos seguidores de la huella marcada por el “Tigre de Colón” Ismael Laguna y del peso gallo “Panamá” Al Brown (primer campeón mundial nacido en Latinoamérica), astros de años anteriores.

Marcel estuvo activo desde el 66 al 74. Cuando se retiró en febrero de ese su último año, luego de vencer a los puntos al nica Alexis Argüello el febrero de 1974 –en defensa del cinturón pluma, y antes de cumplir 26 años–  se hallaba todavía en plenitud. Aquella  pelea con “El Flaco Explosivo” era su cuarta exposición de la faja ganada un par de años antes frente al cumanés Antonio Gómez. Al retirarse, había combatido 46 veces de las cuales ganó 40 con 23 nocauts. Era Marcel el clásico aporreador, de veloces desplazamientos y de manos rápidas, que desgastaba a los rivales). Añadía al récord  dos tablas y cuatro reveses, solo uno por KO en 10 tramos con Durán cuando recién comenzaban los dos, en el gimnasio local Nuevo Panamá.

En lo tocante al boxeo de Venezuela, el “Ñato” enfrentó a cinco criollos: Frank Leroy, Alfredo Marcano (2), Freddy “Cochocho” Rengifo, Antonio Gómez (2) y Leonel Hernández. Al primero, un novato de tres combates, lo venció por puntos en 8 rounds cuando acumulaba 13 peleas, y que fue su primera actuación en Caracas, el 17 de octubre de 1968. A Marcano lo dominó  a los puntos en el Nuevo Circo caraqueño y en octubre del 70 y  en Panamá por la misma vía en mayo del 71 luego de reponerse de una caída en el primer tramo. Rengifo se desplomó en el segundo en octubre del 69 en la capital canaleña, mientras que Gómez perdió por decisión en 15 y por KO en 12, el 8 de agosto del 72 en la plaza de toros La Maestranza de Maracay y en el Nuevo Panamá, las dos por el cetro de las 126 libras (57,152 kilos). Leonel fue el único que terminó con el brazo en alto frente al “Ñato” en una pelea a 10 vueltas montada en La Maestranza maracayera el 17/3/73.

Una atención muy especial  en esta columna la merece el primer encuentro con Gómez en Maracay. El oriental había deslumbrado al mundo del boxeo con una contundente y fabulosa actuación en cinco asaltos ante el japonés Shozo Saijyo el 2 de septiembre 1971 en Tokio y acudió a la confrontación con Marcel a su segunda defensa luego de haber doblegado al mexicano Raúl Martínez Mora el 5 de febrero´72. Gómez fue ungido favorito para el choque maracayero pues vista su actuación ante Saijyo se pensaba local y mundialmente que en el planeta no existía un mejor pluma que él. Además, se suponía iría al compromiso en las mejores condiciones luego de un largo proceso de entrenamiento en EE.UU. bajo la tutela del famoso Eddie Futch, que formó a Thomas Hearns  y a otros muchos buenos peleadores en su gimnasio de Detroit.

Naturalmente que la pelea despertó enormes expectativas en todo el país y en Panamá, obvio. Gómez era una figura con ribetes de ídolo y de Marcel se sabía que era un buen peleador, pero ya generalidad de los aficionados de aquí creían que no representaba un peligro mayor. Quien escribe tuvo un mal pálpito en el viaje a ida a Maracay a cubrir el choque para El Nacional, al escuchar por la radio que Gómez había parado el fiel de la balanza en 123 libras. “¿123 libras?—nos dijimos– Si  a Antonio le cuesta bajar a las 126 libras ¿cómo puede estar en 123? O está  volando o está muerto” Estaba muerto…

El combate se fue por una sola calle. Marcel manejó a Gómez, a un desconocido Antonio Gómez, a una caricatura del demoledor peleador que era, como a un pelele, una marioneta, un muñeco de trapo. Fueron 15 episodios de una paliza como pocas hemos visto. Las imágenes se han esfumado un tanto de nuestra mente, pero todavía podemos recordar que no vimos a Gómez ganar uno solo de los 15 rounds, zarandeado a placer por el retador. Esperar el fallo fue cuestión de trámite (votaban en ese tiempo dos jueces y el réferi). Este, el zuliano Luis  “El Cervantino” Sulbarán vio a  Marcel 144-148, uno de los jueces, Santos Arismendi se inclinó por el aspirante 148-141 y el otro juez Rafael Cartaya selló un inesperado 146-146, abucheado por la mayoría del público que colmó la instalación aragüeña. 

Entretanto, el numeroso grupo de panameño que conformó la entusiasta comitiva de Marcel, la mayoría de ella militares de alto rango  del Ejército, festejaban jubilosos, no solo en triunfo del copmpatriota sino también y especialmente haber desbancado en las apuestas a los seguir es de Gómez. La segunda pelea entre ellos resultó de más fácil resolución para  Marcel, quien se impuso por la  vía expedita en el capítulo doce.

Queda un buen cuento sobre la pelea de Maracay, relacionados con cuestiones ocultas tras bastidores y con una ´medida gubernamental de carácter comunicacional. Todo lo contaremos la semana entrante, con la anuencia de Dios.

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