Camiseta 10 | Venezolanos

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Desaliento: esa podría ser la palabra que defina una sensación por lo visto el pasado fin de semana en el fútbol de Europa. Sí, desaliento, pero viendo las cosas desde una perspectiva de más profundidad, podemos decir que los partidos y su tráfago nos han enviado también a una reflexión.

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Vimos jugadores de diversas nacionalidades de América Latina, mexicanos, colombianos, chilenos, peruanos, por no nombrar, por ser un lugar común, a uruguayos, argentinos y brasileños.

¿Por qué los narradores no se desgañitan viéndolos merodear el arco en procura del gol, y los comentaristas no explican el porqué de una jugada en la que esté involucrado un futbolista venezolano? Por algo habrá de ser, por mucho habrá de ser.

En algún momento de hace unos cuatro o cinco años parecía que el país se iba a desbordar en producir jugadores de exportación, de muchachos que iban, si no a inundar, sí a llenar espacios de importancia en aquel lado del mar.

Pasó el tiempo y parece haberse dado una involución, una vuelta atrás; ya no aparecen en el mapa del fútbol televisado, que es el de peso, y no se vislumbran jugadores apetecibles ni siquiera para aquellos equipos de mitad de tabla…

Digamos, por poner un ejemplo, Yangel Herrera. Fue a Estados Unidos, enviado por la dirección del Manchester City dueño de su ficha, a madurar. Estaba, decían, en los planes futuros del equipo inglés. Por entonces el joven contaba 19 años de edad, y parecía que ese era el hombre. Fue al Granada de España, y ahí está jugando adecuadamente, cumpliendo funciones de mediocampista organizador, pero sin que su actuación haya trascendido más allá del cumplimiento.

Herrera ya llegó a 22 años, y en el Manchester, empecinado como casi todos en Europa en construir el porvenir con adolescentes, no aparece su nombre. Wuilker Fariñez, también de 22 años de edad y por ahora sin Europa en el horizonte, aceptó las reglas del Millonarios colombiano por cuatro años, y Yeferson Soteldo, el tercer integrante del trío de jugadores hechos promesas, llega los 23 con el Santos brasilero y sin que ningún club de renombre verdaderamente se haya fijado en él…

Entonces, ¿qué pasa?, ¿todavía es un argumento válido aquello de que por que son venezolanos y esta no es tierra de futbolistas? Mucho se habló a de esta tríada de jugadores como los hacedores de caminos, como “os bandeirantes”, como se llama en Brasil a los adelantados, pero poco ha pasado con ellos.

¿No son tan buenos como se decía, como se creía? ¿Hay aprehensión por su capacidad de adaptarse a los aires europeos? Va pasando esa generación y el tiempo en el fútbol es un soplo de viento.

Se acerca septiembre, cuando el Premundial llene las canchas de Suramérica, y Herrera, Fariñez y Soteldo va a tener que soltar su fútbol para que los ojos de los colosos se fijen en ellos y para que la esperanza de los venezolanos no siga siendo vana.

Nos vemos por ahí.         

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