Camiseta 10 | Millones para avergonzar

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Un despacho llega desde la circunspecta Londres y nos dice que el Wolverhampton acaba de pedirle a la Juventus sesenta millones de euros por Raúl Jiménez, un mexicano que agita las redes y las opiniones de los aficionados ingleses. Los italianos, a su vez, quieren pagar, pero no tanto y en compensación ofrecen a dos jugadores de su arsenal: Daniel Rugani y Federico Bernardeschi.

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En otra operación de alto calibre, el Inter de Milán ofrece la misma cantidad, 60 palos, al Mancheser City por el brasileño Gabriel Jesús. En diferentes frentes de batalla, el Barcelona anuncia la venta del brasileño Arthur a la Juventus por setenta millones, mientras que el equipo catalán y el mismo Inter dan brincos y dicen y se contradicen por el negocio del argentino Lautaro Martínez, aun artillero de los italianos.

No obstante, estas negociaciones quedarán para la risa si hablamos de lo ofrecido por el Liverpool al Manchester City por Kylian Mbappé: 220 millones y el atacante senegalés Sadio Mané: ¿vale tanto el futbolista francés como para romper la fuente y todos los records habidos y por haber del fútbol mundial? ¿Es uno de esos jugadores capaces de trascender y hacer del juego un acto de prestidigitación?

Entonces, si estas manifestaciones de abundancia se convierten en realidades, si no son fábulas de camino, muy mal van a quedar los pronosticadores que aseguran que, por causa del coronavirus la contracción del mercado va a ser de 25% a 30%, sin gente en la grada y con los ingresos de televisión a la baja.

Es decir, que el fútbol europeo, en su arrogancia, en su altivez y llevado por la avaricia desmedida y su codicia sin fin, será capaz de desafiar las leyes de la naturaleza, al covid-19 y a cuanto Dios hizo posible para hacerse de lo mejor de lo mejor a la mano en los campos de juego.

Es una valoración que tiene su asidero en las leyes del mercadeo y desde ellas se afianza; pero también, y desde una óptica diferente y quizá pesimista, que puede tener los pies en el aire. Las transacciones comentadas son solo la punta de lanza del negocio, porque por estos días, cuando el fútbol se despereza de su letargo de tres meses y comienza a revivir, también se han despertado las apetencias en busca del eslabón perdido.

Y si lo hablado derrumba con estrépito los pronósticos de malos presagios para la compra-venta de futbolistas, también el anhelo de la vuelta de la “contracultura”, un deseo ferviente de aquellos que creían, ingenuamente, que las piedras preciosas conseguidas en las minas del rey Salomón, en el “África ardiente”, como en La Canción del Elegido, se iban a convertir en joyas de bisutería. Al final de la jornada, una nueva derrota para los que aún sueñan con una vida más justa, con un mundo mejor.

Al otro lado del río

El negocio futbolero tiene sus matices. Si por Europa no escarmientan y continúan en la zafra del derroche, en países donde el fútbol no es asunto importante las firmas de jugadores van en tono menor.

En Panamá, Nicaragua, República Dominicana y Haití decenas de muchachos venezolanos buscan, en vez de fortunas como en Europa, exiguas cantidades para resolver el día a día de la familia en Venezuela. Doscientos  dólares al mes y en algunos casos menos, reciben por disputar cada fin de semana partidos ardientes.

Es la contramano de las noticias estridentes, las informaciones oscuras y calladas que no vemos en los medios de comunicación, casi siempre embelesados por Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Barcelona, Real Madrid y la Juventus.   

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