El beisbol siempre hace bien
17/01/2013 8:20pm | En días como estos, en los que la incertidumbre, inseguridad o
tensión política pueden ser agobiantes, quienes tenemos al beisbol
contamos con un refugio insuperable
En enero de 1942, Estados Unidos formaba parte del grupo de países aliados contra Hitler y el avance del nazismo. El 7 de diciembre de 1941, Japón bombardeó Pearl Harbor, Hawai. Estados Unidos declaró la guerra a Japón y el 11 de diciembre, Alemania e Italia declararon las hostilidades a los Estados Unidos. Se desataba la Segunda Guerra Mundial.
Los primeros días de enero de 1942, el juez y comisionado del Beisbol de Grandes Ligas Keneseaw Landis,
envió al presidente Frankin Delano Roosevelt una carta para consultarle la conveniencia o no de continuar con el beisbol, en medio de la angustiante situación.El 15 de enero, casi de inmediato, recibió respuesta del primer mandatario.
La carta, conocida como “Luz Verde”, aclaró la duda del juez Landis. Roosevelt respondió: “Este es mi punto de vista personal, no es oficial. La decisión la tomarán ustedes y los dueños de los equipos”.
“Sinceramente, creo que sería lo mejor para el país mantener el beisbol. Habría menos gente desempleada y para los trabajadores sería una recreación necesaria. Sería bueno que jugaran de noche para que puedan ir quienes trabajan... Millones de ciudadanos verán el beisbol y ya eso es una ventaja, que a mi juicio, vale la pena”.
Ese año se enfrentaron en la Serie Mundial los Cardenales de Stan Musial y los Yanquis de Joe DiMaggio. Los pájaros rojos derrotaron en 5 juegos a los del Bronx.
El beisbol se constituyó en el gran escape a las angustias en el divino tiempo que duraba cada juego. Como lo anticipó Roosevelt: “le hará bien a nuestra gente”. Y así fue.
En días como estos, en los que la incertidumbre, inseguridad o tensión política pueden ser agobiantes, quienes tenemos al beisbol contamos con un refugio insuperable, que siempre nos reafirma lo bueno que tenemos y somos como país.
El beisbol nos reafirma que somos una sola nación más allá de cualquier diferencia. En los estadios somos el país que no se rinde, el que tolera al adversario, el que enfrenta al otro como rival y no como “enemigo”.
De pronto se escuchan algunas voces y se leen reflexiones que sugieren que el país “no está para el beisbol”. Como diría el presidente Roosevelt “esta es una opinión personal”.
Están equivocados. El beisbol le da trabajo a mucha gente, le da alegría a otro montón y nos recuerda que siempre podemos ser como somos en el estadio. ¡Qué siga la pelota!