Corazón que late “Rojinegro”
12/11/2012 4:36pm | No son los mejores días para escribir o para que la lucidez haga
presencia en mí para desplegar las mejores ideas en una columna...
No son los mejores días para escribir o para que la lucidez haga
presencia en mí para desplegar las mejores ideas en una columna, pero
luego de la rueda de prensa que realizamos el miércoles al final de la
tarde me quedaron varias sensaciones y reflexiones.
Ver fanáticos,
barristas, llorando por la posible desaparición del Club Deportivo Lara;
observar la tristeza de gente cercana a la institución y vivir todos
los días la incertidumbre y el desaliento de un plantel que ha entregado
todo por estos colores ROJINEGRO te hace sentir muy triste, pero a la
vez te hace reflexionar muchísimo.
Tal vez ni los que navegamos
dentro de este barco conocemos la realidad en su totalidad, pero sí
somos receptores de las más sentidas expresiones de dolor y desasosiego.
Desde jóvenes con el escudo del equipo tatuado en su cuerpo, desde la
madre que me dijo que su bebé tenía cuatro meses de nacido y lo llamó
Eduardo Edgar, en honor del entrenador del equipo campeón y del jugador
que marcó el gol del título, hasta el constante clamor de los padres que
nos preguntan cómo hacer para explicarle a sus hijos que los domingos
no van a ir al Metropolitano para ver al “Depor”. Un tumulto de
expresiones que te dejan con el corazón chiquito y sin respuestas, ya
que nadie las tiene.
El fanático, seguidor, hincha, o como lo quieran
llamar, se mueve por una pasión, lo controla su corazón. Hoy por hoy es
muy difícil que lo entienda alguien, al menos que lo sufra como ellos.
Aquí en Barquisimeto la transformación es tal que la “barra” lleva días
en las calles, duermen en la oficina del club y rezan como nosotros para
que se solvente la situación y continúe el equipo que tantas alegrías
nos dio en tan poco tiempo.
Pase lo que pase el reconocimiento al
larense será por siempre porque, como dice la canción que retumba el
estadio de Cabudare los domingos, “en las buenas y en las malas” siempre
han estado con el equipo. Son el alma del club.
En casos como el que
vivimos es difícil que no se creen rumores, no existan diversas
opiniones. Lo importante es que nunca se olvide que los niveles de
susceptibilidad de un grupo (jugadores y cuerpo técnico) que tienen 11
meses sin cobrar es bastante grande. Por eso y por no tener moral
profesional le pido a algún dirigente que actualmente ejerce cargos en
nuestro fútbol se abstenga de hacer comentarios sin el verdadero
conocimiento del caso. Ese mismo dirigente que, cuando alguna vez
compartimos equipos, le decía al dueño que “no nos pagaran por dos meses
porque eso nos iba a motivar a ganar”.
Cuando estoy haciendo este
escrito desconozco lo que vaya a suceder. Nunca dirigí un partido
sabiendo que era el último. Solo agradezco al Huracán Rojinegro por
vivir esto como lo que es: ¡Suyo!